Saturday, September 09, 2006

Altamirano

Doce de la noche, por la calle Altamirano no se ve un alma pasar, las luces están todas apagadas y el movimiento son sólo espectros de luz de luna, que se reflejan en las ventanas cerradas de la calle. En una de ellas se ve un hombre de edad, su rostro es serio y triste, a su lado hay una vela y a veces la mira como si comentara con ella todo lo que ve. Frente a él se abre una puerta, es Gabriela, una prostituta que suele salir a las doce en punto, para salir a la esquina de su casa donde sus habituales clientes se la llevan, la traen al mismo lugar. Al caminar hacia la esquina, tras ella se ve una sombra que la sigue, y al llegar a la esquina la reconoce y vuelve a esconderse.

Doce y treinta minutos, en el departamento 146, que está en el tercer piso, entre griteríos y golpes que se oyen, se ve volar un plato por la ventana, y un par de minutos después, por la misma sale disparada una mujer, quien al llegar al piso, no fue capaz de hacer más que quedarse boca arriba mirando el infinito. Por la misma ventana se asoma otra mujer, esta vez es más grotesca, de hombros anchos y el pelo como si hubiese estado en una pelea de perros, la mujer mira el cuerpo y vuelve a entrar.

Cuatro y cinco minutos de la madrugada, tres hombres ebrios llegan a la calle Altamirano, entran a los departamentos y comienzan a golpear una puerta, de la que no sale nadie, de pronto miran a un lado y ven un niño que escondía su mirada acurrucado en un rincón, uno de ellos se le acerca y le dice - ¡¿Qué haces aquí?! Es muy tarde para que estés vendiéndote, ¡ve a tu casa y no molestes aquí!
El niño asustado corre hacia la salida de los departamentos, sale a la calle Altamirano, y ve el cuerpo de la mujer muerta entre la acera y la calle, el hombre de edad sigue observando todo desde su ventana. El niño se acerca al cuerpo con lentitud, y estando a escasos pasos de la mujer, sus lagrimas comienzan a caer, el rostro se le alarga hasta la desgracia, y su cuerpo se desploma sobre ella, el llanto comienza a oírse en toda la cuadra, y a pesar de ello nadie se asoma, tan solo el anciano, como todas las noches, lo vigila.

En la mañana siguiente, el niño despierta abrazado del cadáver de su madre, y al abrir los ojos y verla frente a él, fría y quieta, se le aceleró el corazón y le hizo hervir la sangre, sus ojos se llenaron de lagrimas y golpeó el piso con fuerza. El niño no podía entender nada, mas lo único que entendía era que jamás iba a poder perdonar…

Once y quince de la mañana, dos escolares salen de los departamentos y caminan por Altamirano hasta que llegan donde se encuentra el niño con su madre, ven al niño y siguen caminando, se quedan parados un momento en la esquina de Altamirano, luego de besarse hasta desgastar los labios, vuelven a entrar a los departamentos, entran con cuidado de cómplices al departamento 1502 en el que una de las ventanas daba a la calle. Se ven desde ella ambos jóvenes, y el niño con curiosidad se pone de pie y se acerca a la ventana a ver que es lo que hacen. La joven entra al baño, mientras el joven se frota las manos y toma aire muy entusiasmado, luego de unos minutos la niña sale del baño y se sientan en el sillón y conversan acerca de que harán mientras estén ahí, ambos se miran con gestos de afirmación y comienzan a besarse apasionadamente, el joven tomando ventaja de la falda de su amante la desabrocha y se la quita con facilidad, a lo que ella responde quitándole la camisa, el esquiva los besos de la chica y comienza a desvestirla, ella lo mira y sólo sonríe, el joven luego de desnudarla comienza a desnudarse el mismo y recuesta a la joven en el sillón, se recuesta sobre ella y le dice que esté tranquila, la joven sigue sin hacer más que sonreírle a todo lo que él hace, el joven penetra en ese momento algo más que el cuerpo de su amante, traspasa una barrera de confianza que jamás nadie lo había hecho, e implanta en ella, lo que pronto conocerá como un mal recuerdo. La joven le pide que se detenga, pero el joven ardiendo solo dice – tranquila… y lo repite cada vez que la joven le habla, las lagrimas de dolor brotan de la joven como agua de cascada, sin embargo sigue callada y tragándose el dolor de no haber ido a sus clases, y haberlas cambiado por el placer, el placer de un perfecto desconocido, el que solo había visto a lo lejos, cada día al salir de su departamento.

De pronto el violento joven se detiene y la amante lo mira con el rostro lleno de lagrimas, él, que hasta entonces no le había prestado atención, la mira a los ojos y le dice- ¿no era lo que esperabas? Y ella responde en voz baja, - la verdad, no, yo esperaba algo menos peligroso.
- ¿tienes miedo de quedar embarazada?
- Si, mucho, (dijo sin pensar que responder)
- Pues, lo hubieras dicho antes te enseñaré algo
Él toma a la niña por la cintura, la pone frente a él y la gira para ponerla de espalda,
- esto se llama sexo anal. La joven tenía mucho miedo y no sabía que hacer, él sin pensarlo dos veces, la penetra sin piedad, la joven no aguanta la agresividad de él y se aleja y se sienta en el sillón mirándolo con rostro de miedo, él la mira y dice - ¿No te gustó?, pues es más seguro que el otro.

La joven lo mira y le pide que por favor la deje irse, él la mira con desconfianza, camina hacia la puerta y la abre para que salga, ella camina hacia la puerta, pero cuando va pasando por el lado de él, este le susurra al oído, - si llegan a saber algo tus padres, ¡te mato! Y la joven se alejo con la cabeza a gachas, salio de los departamentos y salio de Altamirano sin mirar atrás.

Una de la tarde y veinte minutos, el niño movió a su madre hacia una orilla de la berma, y en estos momentos está muerto de hambre y no sabe que comer, busca entre los bolsillos de su madre y encuentra dinero, con el compra dulces en el almacén de Altamirano, el único que hay, ya que todos los demás han sido completamente saqueados, sin durar mas de una semana.

El niño se come los dulces con desesperación, en ciertos momentos mira a su madre con gesto culpable, pero luego vuelve a la realidad y se da cuenta de que está solo.

Al pasar unos minutos, una mujer sale con una olla a la calle y se la da al niño, éste la recibe feliz, y la lleva junto a su madre y comienza a comer, la comida parecía tener días sin ser refrigerada, el niño no notó nada extraño, solo la gentileza de aquella mujer. Mientras come, se percata de que el anciano de la vela aun lo observa, quieto y sin mover un músculo, pero no llama su atención y sigue comiendo.

Dos veinticinco de la tarde, los edificios de Altamirano no dejan que entre en sol, sin embargo el calor es sofocante y el niño comienza a sentir un malestar en el estomago. La mujer que le dio la comida se asoma a la puerta y lo mira un momento, el niño comienza a retorcerse de dolor y al toser la sangre escapa por su boca, la mujer sigue mirando, aun que en momentos quita la mirada. El niño comienza a perder la visión y ni siquiera puede pedir auxilio, pues su cuerpo no responde. La mujer aun mira, impaciente…

Dos y treinta y cinco pasado el meridiano, el niño y su madre corren con el mismo destino uno al lado del otro, la mujer que terminó con la vida de el niño está ahora preparando el almuerzo de sus hijos, la prostituta de Altamirano atiende a sus clientes en su casa por el calor que hace en la ciudad, los hombres borrachos duermen a la entrada de la puerta en la que nunca vivió nadie, el hombre que atendía el único negocio de la calle Altamirano, ya no volverá a vender otra cosa que no sean cigarros, el joven que se quedó solo en casa, ahora está haciendo llamadas para conocer otras chicas que alimenten su placer, el aciano en la ventana observa la llama de su vela que amenaza con morir en cualquier momento.

Y Altamirano sigue siendo el no punto de encuentro, ni un lugar triste ni feliz, ni las velas ni las ollas hacen historia, ni la gente ni el viento recuerdan el no lugar, Altamirano.



SeAx

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